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CONSERVAR O DEPÓSITO DA FÉ

 [ EN  - ES  - FR  - IT  - LA  - PT ]

CARTA ENCÍCLICA
PASCENDI DOMINICI GREGIS
DO SUMO PONTÍFICE
PIO XAOS PATRIARCAS, PRIMAZES,
ARCEBISPOS, BISPOS
E OUTROS ORDINÁRIOS EM PAZ
E COMUNHÃO COM A SÉ APOSTÓLICA
SOBRE
AS DOUTRINAS MODERNISTAS

Veneráveis Irmãos,
saúde e bênção apostólica
INTRODUÇÃO
A missão, que nos foi divinamente confiada, de apascentar o rebanho do Senhor, entre os principais deveres impostos por Cristo, conta o de guardar com todo o desvelo o depósito da fé transmitida aos Santos, repudiando as profanas novidades de palavras e as oposições de uma ciência enganadora. E, na verdade, esta providência do Supremo Pastor foi em todo o tempo necessária à Igreja Católica; porquanto, devido ao inimigo do gênero humano nunca faltaram homens de perverso dizer (At 20,30), vaníloquos e sedutores (Tit 1,10), que caídos eles em erro arrastam os mais ao erro (2 Tim 3,13). Contudo, há mister confessar que nestes últimos tempos cresceu sobremaneira o número dos inimigos da Cruz de Cristo, os quais, com artifícios de todo ardilosos, se esforçam por baldar a virtude vivificante da Igreja e solapar pelos alicerces, se dado lhes fosse, o mesmo reino de Jesus Cristo. Por isto já não Nos é lícito calar para não parecer faltarmos ao Nosso santíssimo dever, e para que se Nos não acuse de descuido de nossa obrigação, a benignidade de que, na esperança de melhores disposições, até agora usamos.
E o que exige que sem demora falemos, é antes de tudo que os fautores do êrro já não devem ser procurados entre inimigos declarados; mas, o que é muito para sentir e recear, se ocultam no próprio seio da Igreja, tornando-se destarte tanto mais nocivos quanto menos percebidos.  LER...
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CARTA ENCÍCLICA
PASCENDI DOMINICI GREGIS
DO SUMO PONTÍFICE
PIO XAOS PATRIARCAS, PRIMAZES,
ARCEBISPOS, BISPOS
E OUTROS ORDINÁRIOS EM PAZ
E COMUNHÃO COM A SÉ APOSTÓLICA
SOBRE
AS DOUTRINAS MODERNISTAS

Veneráveis Irmãos,
saúde e bênção apostólica
INTRODUÇÃO
A missão, que nos foi divinamente confiada, de apascentar o rebanho do Senhor, entre os principais deveres impostos por Cristo, conta o de guardar com todo o desvelo o depósito da fé transmitida aos Santos, repudiando as profanas novidades de palavras e as oposições de uma ciência enganadora. E, na verdade, esta providência do Supremo Pastor foi em todo o tempo necessária à Igreja Católica; porquanto, devido ao inimigo do gênero humano nunca faltaram homens de perverso dizer (At 20,30), vaníloquos e sedutores (Tit 1,10), que caídos eles em erro arrastam os mais ao erro (2 Tim 3,13). Contudo, há mister confessar que nestes últimos tempos cresceu sobremaneira o número dos inimigos da Cruz de Cristo, os quais, com artifícios de todo ardilosos, se esforçam por baldar a virtude vivificante da Igreja e solapar pelos alicerces, se dado lhes fosse, o mesmo reino de Jesus Cristo. Por isto já não Nos é lícito calar para não parecer faltarmos ao Nosso santíssimo dever, e para que se Nos não acuse de descuido de nossa obrigação, a benignidade de que, na esperança de melhores disposições, até agora usamos.
E o que exige que sem demora falemos, é antes de tudo que os fautores do êrro já não devem ser procurados entre inimigos declarados; mas, o que é muito para sentir e recear, se ocultam no próprio seio da Igreja, tornando-se destarte tanto mais nocivos quanto menos percebidos.  LER...

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sábado, 31 de julho de 2010

El Santo sacrificio de la Misa encierra el misterio de nuestra fe, el dogma por excelencia de la Fe :El Santo Cura de Ars dice que es incomprensible para las fuerzas humanas: “Ni el Sacerdote que celebra la Misa puede comprender el valor de una Misa; si comprendiera moriría, ya sea de temor o temblor ante poder tan grande otorgado a una criatura tan frágil y tan débil... o moriría de amor agradeciéndole a Dios por haberlo escogido para un ministerio tan sublime”.... “tal vez en la otra vida comprendamos algo del valor que tiene una Misa”.

El Santo sacrificio de la Misa encierra el misterio de nuestra fe, el dogma por excelencia de la Fe :El Santo Cura de Ars dice que es incomprensible para las fuerzas humanas: “Ni el Sacerdote que celebra la Misa puede comprender el valor de una Misa; si comprendiera moriría, ya sea de temor o temblor ante poder tan grande otorgado a una criatura tan frágil y tan débil... o moriría de amor agradeciéndole a Dios por haberlo escogido para un ministerio tan sublime”.... “tal vez en la otra vida comprendamos algo del valor que tiene una Misa”. San Juan Eudes dice que “se necesitaría una eternidad para preparar una Misa, otra eternidad para celebrarla y una eternidad para dar gracias por haberla celebrado”. El Padre San Pío de Pietrelcina afirma que “el mundo podrá existir sin sol, pero no sin la Santa Misa”.

 
 


P. Rafael Navas Ortiz
Indice


INTRODUCCIÓN

El Santo Sacrificio de la Misa encierra el misterio de nuestra Fe, el  dogma por excelencia de la Fe.
“Misterio escondido desde tantos siglos en Dios”...
El Santo Cura de Ars dice que es incomprensible para las fuerzas humanas: “Ni el Sacerdote que celebra la Misa puede comprender el valor de una Misa; si comprendiera moriría, ya sea de temor o temblor ante poder tan grande otorgado a una criatura tan frágil y tan débil... o moriría de amor agradeciéndole a Dios por haberlo escogido para un ministerio tan sublime”....  “tal vez en la otra vida comprendamos algo del valor que tiene  una Misa”.
San Juan Eudes dice que “se necesitaría una eternidad para preparar una Misa, otra eternidad para celebrarla y una eternidad para dar gracias por haberla celebrado”.
El Padre San Pío de Pietrelcina afirma que “el mundo podrá existir sin sol, pero no sin la Santa Misa”.
Estando dada la infinitud de lo que es el acto más grande que puede existir, aquí vamos a tratar de aproximarnos al misterio de nuestra Fe y concientes de nuestra indignidad, balbucearemos como un infante que aprende repitiendo lo que oye de su madre; para esto, lo haremos a la luz de la enseñaza y práctica secular de nuestra Madre la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
La Misa es el centro y el corazón de la Iglesia, el alfa y el omega.


Todo parte del amor misericordioso, del amor de Dios por la criatura: la crea y la redime “todo lo que fue hecho sin El no fue hecho”.
El acto creador de Dios corresponde a su deseo de difundir, fuera de Sí, el ser, el bien, la belleza que en El existen de modo esencial. “Bonum difusivum sui”. El bien es difusivo de por sí.  Crea con orden, belleza, bondad, etc.; Dios refleja sus perfecciones en la obra creada...  pero El quiere comunicar aún más, quiere comunicar su vida intima: La felicidad suprema de las relaciones trinitarias...  ¿Crear otro Dios? Es imposible, no puede haber dos infinitos… y por decirlo así, (al modo humano) Dios decide crear un ser que fuera como una síntesis de la creación (un cuadro sinóptico) que contuviera en sí todos los elementos del orden creado: Ser, mineral, animal, y espíritu, para, uniéndose a él, unirse a su creación completa y así, por la unión de las dos naturalezas, divina y humana (en la Unica Persona divina del Verbo Encarnado) toda la creación participaría de la felicidad intima, del gozo sempiterno de las relaciones trinitarias: 
“entonces Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” Dios crea a su imagen la naturaleza racional del hombre con la semejanza del estado de gracia, con todos los dones que ello implica: participación de la naturaleza divina, (ejus divinitátis esse consórtes,…) “consortes de la divina naturaleza”.
He ahí el plan maravilloso del Amor (del don) de Dios: comunicar su vida íntima (“vine para que tengáis vida y la tengáis en abundancia”), la plenitud de su felicidad trinitaria (“ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni la mente del hombre puede imaginar lo que Dios prepara para los que lo aman”). Por la gracia dada a la naturaleza resumida en el animal racional, creado a imagen y semejanza de Dios; pero, como se trata de Amor, requiere la libre correspondencia de la criatura amada de tal manera; era y es libre y voluntariamente que debería corresponder (el amor no voluntario no es amor).
El hombre desobedeció, no correspondió a Dios y se separó de Dios, quiso no amar a Dios, quiso ser como Dios y se desligó, rompió con Dios: pecó destruyendo esa semejanza gratuita, y amorosa que había recibido de Dios, que lo hacía hijo de Dios, perdió la gracia, y así toda la naturaleza contenida en él; quedo afectada y ahora también ella “gime como con dolores de parto, esperando la manifestación de los hijos de Dios”.
El amor de Dios agraviado no renuncia a su plan de comunicar Su vida, su felicidad íntima a su creación en el hombre: “te amé con Amor eterno y por eso, Misericordioso, te atraje hacia mí”.
Ahora esa unión de Dios con su criatura se hará por medio de la Encarnación redentora para reparar el pecado y volver a ligar (de ahí la palabra re-ligión) a la criatura con su Creador, lo que se efectúa realmente en ese supremo acto de religión: el Sacrificio del Calvario (“cuando sea levantado en lo alto atraeré a todos hacia mí”).
Se inicia la historia del hombre expulsado del Paraíso, guiado por la esperanza magnífica de la Restauración victoriosa: “Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu raza y la de Ella, Ella te aplastará la cabeza…”
El Verbo de Dios, en la plenitud de los tiempos, se encarnó en el seno de una Virgen realizando todo lo anunciado desde tantos siglos.
Llegada su Hora, para la cual había venido, antes de su Pasión sangrienta va a celebrar por anticipado, y a dejarnos, Su Sacrificio de manera incruenta.  Él, el mismo Verbo Eterno, por el cual el mundo fue hecho con su sola palabra por la que se produjo de la nada toda la creación, va a tomar las especies del Pan y el Vino para pronunciar las palabras de la Consagración y producir el Milagro de la Transubstanciación (su Palabra es eficaz y produce lo que dice: Esto es mi Cuerpo... Este es el Cáliz de mi Sangre...  y luego pensando en todos los hombres comunica su sacerdocio para perpetuar este sacrificio; les da el poder y la orden:  HACED esto en memoria mía...” ¡HACED! luego consume y da a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre como reiteradamente lo había anunciado.
Es verdad que la palabra transustanciación no está contenida en la Escritura; pero, el hecho está claro, de la cual ha dejado pistas claras:  Dice el Evangelista San Lucas XXII,18:  “Os aseguro que ya no beberé del sumo de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” y dos versículos mas adelante San Lucas XXII,20:  Consagra y toma del Cáliz consagrado.
Si Cristo no puede mentir, como es lógico, lo que ha consumido, después de la Consagración no es más la sustancia del sumo de la vid, sino verdaderamente su Sangre bajo la especie del vino.


EXPLICACIÓN DE LA TRANSFORMACIÓN DE LAS ESPECIES (del mineral a la Comunión) COMO REALIZACIÓN DEL PLAN DE AMOR DE DIOS

El efecto propio de la Santísima Eucaristía es la perfección y consumación de la vida sobrenatural por la íntima unión del hombre con Cristo y su Cuerpo Místico...
Ahora bien, es propio del alimento transformarse en la sustancia del que lo come y hacerse uno con él, según lo declara Santo Tomás:
“El efecto propio de cualquier sacramento debe apreciarse y juzgarse por la analogía con la materia del sacramento, la materia de la Eucaristía es un alimento; es pues necesario que su efecto sea análogo al de los manjares. El que toma alimentos corporales los transforma en él...; pero la comida Eucarística, en vez de transformarse en aquel que la toma, lo transforma a éste en ella.
Síguese de aquí que el efecto propio de este sacramento es una tal transformación del hombre en Cristo, que puede, en realidad decir con el Apóstol:  “Vivo yo, o más bien no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”  Gal. 2,20.  (4 Sent. Dist. 12 q 2 a 1)
(el inferior es asimilado y transformado en el superior, sirviéndolo: minerales –barro , guano- plantas, animales –vida sensible- hombres -hominización- Cristificación por la Comunión.
Ser > vida vegetal > vida sensible > vida racional > vida de Cristo.
Además como dice San Alberto Magno:
“Siempre que se unen dos sustancias de modo que una deba cambiarse y transformarse en otra, entonces la sustancia superior, más noble y activa, se asimila la inferior más débil e imperfecta.
“Siendo, pues, el alimento Eucarístico de naturaleza superior y más perfecta, tócale a él recibir la asimilación y cambiar al hombre que la recibe espiritualmente en Cristo” (In 4 Sent., dist. 9 a. 4 ad 1)
Por la comunión somos Trinificados, dice Santo Tomás.
La verdadera unidad y solidaridad humana se genera y realiza por y en la Comunión.
                                  Familiar
Verdadera Unidad      Social            en Cristo por la comunión con Dios
                                  Política
                                  Etc.
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NECESIDAD NATURAL DEL SACRIFICIO

En la historia de la humanidad encontramos diversidad de pueblos, diversos grados de cultura, algunos llegaron a ignorar la rueda o el fuego o la escritura pero no existe uno que no tenga religión y no se encuentra ninguna religión que no tenga algún tipo de sacrificio como acto central y ningún sacrificio sin sacerdote deputado para ofrecerlo.
La palabra sacrificio significa: sacrum factum, hacer algo sagrado es la oblación de algo sensible con la inmutación hecha a Dios de modo legítimo en reconocimiento de su majestad y bondad suprema y de nuestra sumisión a la misma.
Metafísicamente es un signo sagrado que tiende al culto divino por la significación anexa visible de algo invisible, físicamente es la cosa sacrificada (sensible y sustancial por la acción que se realiza) oblación e inmolación o inmutación.
Teológicamente es la expresión objetiva de la Excelencia de Dios principio de todo y Señor absoluto, sumo Bien y último fin.
El hombre busca testificar los afectos internos del alma, por los que se consagra a Dios.
El sacrificio externo refleja el interno que busca dar un culto a Dios.  La finalidad natural del culto que el hombre debe a Dios es:
  1. Latréutica (excelencia de Dios-sumisión del hombre)
  2. La bondad de Dios exige una finalidad eucarística (gracias por los bienes pasados)
  3. Impetratoria para pedir los beneficios que esperamos recibir.
  4. Pero estando dado el pecado del hombre no puede prescindirse en el sacrificio, ofrecido a Dios, de la razón propiciatoria, pues después de haber ofendido a Dios ningún sacrificio sería aceptable si no contiene el sentido propiciatorio que busca desagraviar por el pecado cometido
Además sólo el sacerdote (deputado) lo puede ofrecer.  Y más cuando se trata del Sacrificio Supremo del cual todos los demás son figuras: San Pablo lo dice: “todo Pontífice tomado de entre los hombres, es puesto a favor de los hombres, en aquellas cosas que tocan a Dios para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados”.

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EL RITO ESTABLECIDO Y NO INVENTADO

Los Apóstoles a la cabeza de la Iglesia, fundada por Cristo sobre Pedro, han de continuar este supremo acto del Sacrificio en el que se manifiesta el amor de Dios que busca realizar la unión con su criatura (nadie ama más que aquel que da la vida por aquellos que ama”), fuente de la mayor gloria de Dios, razón de ser de la creación en el que el mismo Cristo continúa por medio del sacerdote realizando este acto el que ofrece el Sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre.
Conviene aclarar lo que se entiende por la palabra rito. El reputado liturgista Mons. Klaus Gamber en su obra “La Reforma de la Liturgia Romana”, prologado por varios obispos y tres cardenales dice que “lo podemos definir como las formas reguladoras del culto que remontándose en definitiva hasta Cristo, han nacido, una a una, a partir de la costumbre general y sancionadas después por la autoridad eclesiástica”. 
Entonces:  Los ritos, antes de ser sancionados, es decir, oficializados por la Iglesia siempre fueron, según la misma definición de Rito, primero costumbres de dar culto a Dios, que remontan su origen a la Revelación y que expresan la concepción que tiene la Fe, de Dios, y de todo lo que es el hombre frente a Dios, de las relaciones de la criatura con su Creador.
Los Ritos también ejercen necesariamente una función pedagógica y, por lo tanto, deben ser fieles a su razón de ser: Vincular, por la Fe que se expresa, al Hombre con Dios, que son realidades distintas y objetivas, como Dios lo estableció.
Sí; le Rito expresa la Fe; esta correspondencia es necesaria. También es válida para el error, cuando se expresa en ritos, como lo hicieron los herejes.  Un cambio de la Fe exige un cambio correlativo en el Rito.
Paul Bourget (escritor católico del S. XIX): “Es menester vivir como se piensa, so pena de terminar, más tarde o más temprano, pensando como se vivió”. Lo mismo para la forma de dar culto a Dios: Es menester celebrar el culto que exprese la Fe revelada por Dios, so pena de terminar creyendo como se celebró.
Si el Rito expresa la unión de dos realidades, vinculándolas por el culto, (Dios y Hombre) y esas dos realidades no cambian en su naturaleza ni en su esencia, cuando se tiene el Rito apropiado al culto debido, que expresa la Fe revelada, en cierto sentido ese Rito es inmutable.
Me explico:
  1. La Naturaleza tanto divina como humana, vinculadas por el culto dado por medio del Rito, son inmutables (esto se niega si se tiene una fe evolucionista y panteísta o se define la Fe como un sentimiento).
  2. La Fe (que debe expresar el Rito) también es inmutable.  La fidelidad a lo esencial no puede, sin daño a la Fe, afectarse por la adaptación a lo accidental (esto se niega cuando se define la Fe como un sentimiento que nace de la profundidad del inconsciente y no como el a-sentimiento (sin sentimiento) de la razón a la autoridad de Dios que revela verdades, a la inteligencia, inmutables definidas y propuestas como tales por el Magisterio establecido por Dios; o cuando se hace prevalecer la influencia cultural de geografía, raza, temperamento, evolución histórica, etc.)
Por lo tanto, el Rito como la Naturaleza de Dios y la naturaleza del hombre, como la Fe que debe expresar, después de haber sido costumbre canónica y en esa condición ha sido practicado y aceptado pacíficamente (a veces de tiempos inmemoriales) con el reconocimiento unánime de la Iglesia, es un rito inmutable.  De ahí que su fijeza e invariabilidad lo hagan un rito de la Iglesia Universal y no un rito del Padre tal o tal o de la cultura tal o del folklore tal, como pretende el Modernismo.
Puede, con estas características, haber varios ritos, como de hecho existen desde tiempos inmemorables reconocidos en la Iglesia.
De manera pues que, como vemos:  El rito nace de la costumbre general; ya en el Antiguo Testamento el sacrificio inspirado por Dios a Moisés, para anunciar y prefigurar el Sacrificio del verdadero Cordero de Dios, se hace de acuerdo a un ritual igualmente establecido o inspirado por Dios.
Es el Sacrificio actual de la Nueva y Eterna Alianza realizado por el Verbo Encarnado el que ilumina y da coherencia a la significación de toda la historia Antigua, la cual sería oscura e incomprensible si no se la ilumina por su ordenación al Mesías Redentor. 
Los sacrificios del Antiguo Testamento, dice San Agustín, “eran sólo figuras que presagiaban y simbolizaban de modos diversos el Sacrificio de Cristo”
La realidad instituida por Cristo en la Última Cena será transmitida y continuada de siglo en siglo, por la Liturgia católica que formándose y enriqueciéndose a partir de ese núcleo esencial, de manera comparable a cómo los anillos que se forman alrededor de los troncos de los árboles o también como una joya preciosísima puesta en un anillo alrededor de la cual se añaden con el paso de los tiempos otros brillantes que la resaltan, eso es lo que se conoce como Misa Tridentina, Misa Gregoriana o Misa de siempre.
Dice Mons. Gamber: “en sentido estricto no hay Misa Tridentina porque como resultado del Concilio de Trento no se creó un nuevo ordinario de la Misa; el “Misal de San Pío V” no es otra cosa que el Misal de la curia que vio la luz en Roma muchos siglos antes (.....), pero que jamás había sido impuesto de forma obligatoria”.
Nunca existió en la Iglesia hasta 1969, estrictamente hablando, un rito nuevo, teniendo en cuenta el significado de la palabra Rito.
Veamos sucintamente un resumen de la historia de la Misa:
SIGLO I:  Nuestro Señor Jesucristo realiza el Sacrificio de la Nueva Aalianza prefigurado y anunciado desde tantos siglos instituyendo la Eucaristía y el Sacerdocio
SIGLO II:  El acto y la acción del Divino Salvador se transmiten y aparecen los rasgos primitivos del Canon Romano, la Iglesia primitiva llama a la Misa Oblatio y Misterium Fidei como lo atestiguan la Didaché, la epístola de San Clemente, la de Bernabé; los escritos de San Ignacio, San Justino y San Ireneo.
SIGLO III:  En Roma se empiezan a marcar las partes del Canon Latino, se establecen los elementos dogmáticos de la Misa a través de encíclicas de los papas y en los concilios locales se establece un libro litúrgico en latín, conteniendo el canon para mantener la unidad de lo esencial cuando se celebre la Misa
SIGLO IV:  El emperador Constantino concede la paz y la libertad a la Iglesia dando la posibilidad de la celebración pública; en esta época ya encontramos cuatro ritos diversos:  el de Antioquia, el de Alejandría, el rito Romano y el Galicano; pero todas las partes de la Misa se encuentran en cada rito desde el Siglo II.  En esta época se le da el nombre de Misa. Aparecen las primeras sectas con sus herejías antiliturgicas como la de Vigilancio y el Arrianismo que negaban la divinidad de Cristo, comulgaban de pie y en la mano, disminuyendo por lo tanto los signos de orden y respeto a la Sagrada Eucaristía.  No adoraban.
SIGLO V:  A partir de este siglo surgió la tendencia a la unificación occidental sobre el modelo del Santo Canon, enteramente compuesto por las mismas palabras del Señor, de las tradiciones recibidas de los Apóstoles y de las devotísimas instituciones de los Santos Pontífices; el rito Ambrosiano en Milán, la liturgia mozárabe de origen ibérico y las liturgias maronitas de Siria y Malacares que toman lo principal del Canon Romano (Cfr. Denzinger 942)
SIGLO VI: Se enriquece el Canon Romano y se perfecciona a través de oraciones para dar el impulso a la conversión del imperio; sobresale la doctrina esencial del rito del Sacrificio contenida en el Misal, que se resume en dos palabras: Transustanciación y Sacrificio Propiciatorio.
SIGLO VII: San Gregorio Magno consolidó el tronco común del Ordo Misae denominado varios siglos más tarde de San Pío V.  A partir de este Papa se considera el texto, el orden y la disposición de la Misa que él nos transmite como una tradición sagrada que remonta a los Apóstoles y que no se debe reformar, salvo en detalles secundarios.
SIGLO VIII:  La Misa para esta época es explícitamente el eje central para la evangelización de los pueblos.
SIGLO X: Hasta este siglo la presencia real de NSJC en la Eucaristía ni se dudaba ni se discutía, tanto sacerdotes como laicos profesan la Fe con certeza clara de que después de la Consagración lo que hay en el altar es el Cuerpo y la Sangre de Cristo.  El primero que osó negar esta verdad de fe fue Berengario de Tours que inició la herejía que afirma una mera presencia simbólica y no real en la Sagrada Eucaristía (Cfr. Dz. 355).
SIGLO XI: La expresión de los ritos de la Misa se enriquece con los cantos gregorianos, el órgano y una buena acústica en las catedrales góticas.
SIGLO XIII:   El Concilio de Letrán declara el dogma de fe que después de la consagración se convierten de modo sustancial en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
SIGLO XIV:  Algunos sacerdotes colocan los cimientos de la revolución protestante al negar la presencia real de Cristo en la Eucaristía entre ellos Juan Wiclef, Lolardo Walter y Juan Huss, entre otros.
SIGLO XV:   Con el renacimiento del paganismo surge el naturalismo que ataca las bases sobrenaturales de la Religión Católica incluido el sentido sacrificial de la Misa
SIGLO XVI:  Los herejes Martín Lutero, Ulrico Zwinglio, Juan Calvino y el rey de Inglaterra, Enrique VIII, buscan deformar el culto exterior de la Iglesia centrando sus esfuerzos destructivos sobre tres puntos esenciales:
  1. Negación del carácter de Sacrificio Propiciatorio de la Misa, quedando sólo en una especie de asamblea comunitaria sin consagración que sería un simple memorial de la Cena pascual
  2. Negación de la transustanciación.  Dicen que Cristo solo está presente de manera espiritual en medio de la asamblea que se reúne en su nombre.  La Eucaristía es sólo un símbolo a ser reconocido por la fe de los que asisten, por eso la toman con la mano y se reparte vino a los asistentes.
  3. Negación del Sacramento del Orden Sacerdotal, que es reemplazado por el sacerdocio colectivo de los fieles presidido por un pastor de la asamblea.
Frente a estas herejías el Espíritu Santo Suscitó la acción del Concilio de Trento y de San Pío V para canonizar el orden litúrgico y así establecer una barrera sólida contra la herejía.  Fruto de este celo apostólico son los cánones sobre la Misa y la bula Quo Primum Tempore que garantiza el derecho a perpetuidad, sin que nadie pueda legítimamente impedirlo, a cualquier sacerdote hasta el fin del mundo, que quiera celebrar como el rito que hoy se conoce con el rito de San Pío V (Cfr. Dz 942)
Me permito recordar estos cánones......

CÁNONES DEL SACRIFICIO DE LA MISA

CAN. I. Si alguno dijere, que no se ofrece a Dios en la Misa verdadero y propio sacrificio; o que el ofrecerse este no es otra cosa que darnos a Cristo para que le comamos; sea excomulgado.
CAN. II. Si alguno dijere, que en aquellas palabras: Haced esto en mi memoria, no instituyó Cristo sacerdotes a los Apóstoles, o que no los ordenó para que ellos, y los demás sacerdotes ofreciesen su cuerpo y su sangre; sea excomulgado.
CAN. III. Si alguno dijere, que el sacrificio de la Misa es solo sacrificio de alabanza, y de acción de gracias, o mero recuerdo del sacrificio consumado en la cruz; mas que no es propiciatorio; o que sólo aprovecha al que le recibe; y que no se debe ofrecer por los vivos, ni por los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones, ni otras necesidades; sea excomulgado.
CAN. IV. Si alguno dijere, que se comete blasfemia contra el santísimo sacrificio que Cristo consumó en la cruz, por el sacrificio de la Misa; o que por este se deroga a aquel; sea excomulgado.
CAN. V. Si alguno dijere, que es impostura celebrar Misas en honor de los santos, y con el fin de obtener su intercesión para con Dios, como intenta la Iglesia; sea excomulgado.
CAN. VI. Si alguno dijere, que el Canon de la Misa contiene errores, y que por esta causa se debe abrogar; sea excomulgado.
CAN. VII. Si alguno dijere, que las ceremonias, vestiduras y signos externos, que usa la Iglesia católica en la celebración de las Misas, son más bien incentivos de impiedad, que obsequios de piedad; sea excomulgado.
CAN. VIII. Si alguno dijere, que las Misas en que sólo el sacerdote comulga sacramentalmente son ilícitas, y que por esta causa se deben abrogar; sea excomulgado.
CAN. IX. Si alguno dijere, que se debe condenar el rito de la Iglesia Romana, según el que se profieren en voz baja una parte del Canon, y las palabras de la consagración; o que la Misa debe celebrarse sólo en lengua vulgar, o que no se debe mezclar el agua con el vino en el cáliz que se ha de ofrecer, porque esto es contra la institución de Cristo; sea excomulgado.
Hasta aquí la enseñanza infalible del Concilio de Trento.
Es necesario resaltar aquí que Su Santidad Juan Pablo II en su última Encíclica –“Ecclesia de Eucaristía”- sobre la Eucaristía recuerda la enseñanza de que el referente teológico para la Misa es el Concilio de Trento.
SIGLO XVII:   La liturgia codificada por San Pío V sufrió alteraciones desde fines de este siglo, especialmente en Francia, por influencia del galicanismo, del protestantismo y del jansenismo.  Algunas de estas alteraciones fueron: disminución del espíritu de oración, reducción del culto a la Santísima Virgen y a los santos; aumento de las lecturas bíblicas; en algunos lugares se reemplazó el altar por una mesa, sin embargo, nadie tocó el canon, que se siguió rezando en latín, pero en voz alta.
SIGLO XVIII:  Continúa la tendencia a la desacralización y a la profanación del templo, la disolución y la anarquía litúrgica.  Hubo muchas diócesis con liturgias particulares. El Sínodo de Pistoya fue condenado en 1794, por atentar contra la pureza del rito de la Misa.
SIGLO XIX:    La Misa fue restaurada en su pureza, principalmente en 1830, en Francia, por influencia de Dom Guérarger, fundador de la abadía de Solesmes.
El Papa León XIII (1878-1903) en su encíclica “Mirae charitatis”  defiende la Misa atacada por el racionalismo y el liberalismo.
SIGLO XX: Se ataca de nuevo la Misa con la herejía modernista.  Surge un movimiento litúrgico bueno en sus comienzos pero desviado en su fase final:  en la Misa prevaleció el aspecto pastoral sobre el aspecto cultural y el positivismo nacionalista se quiso imponer sobre el culto debido a Dios.
A fines de 1947 SS Pío XII trató en vano de poner atajo a la larvada subversión litúrgica publicando la encíclica “Mediator Dei”, la cual condena el llamado “arqueologismo litúrgico” o el argumento de volver a ritos arcaicos.  Prohíbe reemplazar el altar tradicional (Con el Ara consagrada como corresponde a un Sacrificio que se realiza) por una mesa despegada del Sagrario que sólo figuraría una Cena Memorial.
El 25 de julio de 1960 el Papa Juan XXIII publicó el Motuo Proprio “Rubricarum Instructum” aprobando y promulgando las rúbricas últimas del breviario y del Misal romano de la Misa de san Pío V.
El 22 de febrero de 1962 Juan XXIII publica la Constitución Apostólica “Veterum Sapientia” acerca de la importancia del estudio del latín y de su utilización en las acciones litúrgicas y en la Misa, porque como lengua sagrada conserva viva e inmutable  la doctrina de la Iglesia.  Dijo: “Mandamos que la lengua latina sea conocida, enseñada y por todos diligentemente conservada”.
Así llegamos al año 1969, siendo pontífice el Papa Pablo VI, el día 1° de noviembre se instala en la Iglesia una nueva Misa... fabricada por una Comisión a cuyos trabajos fueron invitados seis Pastores protestantes
-Desde que se publica el NOM, teólogos calificados, Pastores de almas, presbíteros, y algunos prelados quedan impactados con las “novedades” de la nueva liturgia; alertaron al Santo Padre y a las autoridades de las “carencias” del nuevo rito.  Que sin ser en sí inválido corría el riesgo de favorecer interpretaciones contrarias a la doctrina definida sobre el Santo Sacrificio de la Misa, lo que no es posible decir del Rito tradicional, de la Misa llamada de San Pío V.
-Particularmente porque había vacíos en la necesaria manifestación de la doctrina sobre la presencia real.  El misterio de la Transustanciación se expresaba de modo ambiguo...  como si la presencia real se pudiera confundir con o se equiparara a la espiritual... o a la Liturgia de la Palabra.
-Lo mismo con la verdad esencial de la necesidad indispensable del sacerdocio ministerial para que haya Misa (como lo ha recordado de nuevo el Santo Padre Juan Pablo II en su última Encíclica sobre la Eucaristía).  La Misa no la celebra “el pueblo de Dios o asamblea de fieles reunida en nombre de Jesucristo” y cuyo presidente sería el sacerdote” como se afirmó el famoso el Art. 7 del Fundamento Doctrinario de la nueva liturgia...  estos equívocos pueden eventualmente permitir una celebración inválida, cosa que difícilmente puede suceder con el rito multisecular
-Y luego, la noción de “sacrificio propiciatorio” es la definición misma dada por el Concilio de Trento; la Misa no puede ser sólo un sacrificio de acción de gracias: “Eucaristía”; no es sólo un sacrificio de alabanza sino esencialmente un Sacrificio Propiciatorio (como vimos, es la condición necesaria después del pecado).
Estas son 3 verdades fundamentales e imprescindibles al carácter católico de la Misa.
-Los cardenales Ottaviani y Bacci se hicieron eco de estas inquietudes y alertando sobre las posibles consecuencias funestas de lo realizado, (que lamentablemente con el tiempo se han realizado) presentaron un breve examen crítico del NOM al Papa, pidiéndole dos cosas:
  1. Que no fuera abrogado el rito tridentino
  2. Que de todos modos fuera dejado el libre uso a los sacerdotes de celebrar la Misa Tradicional.
- Desafortunadamente dicho documento sólo sirvió para que se recorrigiera el Art. 7 haciéndolo más conforme con la doctrina católica ya que era verdaderamente de tenor protestante.  Inclusive el Card. Journet muy allegado al Papa, que lo hizo Cardenal, llegó a decirle:  “Esta definición del Art. 7 de la Misa es herética”...  ¿cómo se pudo hacer?
- A pesar de las altas instancias que se presentaron en ese momento no se hizo nada a favor del rito tradicional.
- Entonces, poco a poco, se organizaron grupos laicos en mayor o menor cantidad en diversas partes del mundo decididos a apoyarse en los sacerdotes que comprendían la necesidad de servirle a la Iglesia evitando, en cuanto estuviera de su parte, la extinción de un rito que en su esencia se remontaba a los apóstoles.
- Esta resistencia impresionó a la jerarquía.  No esperaban ver esta reacción de fieles, que a priori son dóciles a las orientaciones romanas... pero en este punto crecen de más en más estas reacciones… el propio Cardenal Ratzinger ya advertía el fenómeno que se generaba y por otro lado fundamenta la  reacción de pequeños grupos y que fue creciendo de más en más; en uno de sus varios textos sobre la Liturgia escribió:
" Tras el concilio Vaticano II se generó la impresión de que el Papa podía hacer cualquier cosa en materia de liturgia (...). Así fue como desapareció, en grandes zonas de la conciencia difusa de Occidente, la noción de liturgia como algo que nos precede y que no puede ser ´hecho´ a nuestro antojo. Pero de hecho, el concilio Vaticano 1º no pretendió definir en absoluto al Papa como un monarca absoluto, sino, por el contrario, como el garante de la obediencia a la palabra transmitida: su potestad se liga a la tradición de la fe, lo que rige también en el campo litúrgico (...). La autoridad del Papa no es ilimitada: está al servicio de la santa tradición ". (JOSEPH RATZINGER, Introducción al Espíritu de la Liturgia , Ediciones San Pablo, pág. 162.)
- De manera que el Papa, para detener este fenómeno creciente, debió intervenir.  Lo hizo en el consistorio del 24 de mayo de 1976.  Puso todo  el peso de su autoridad pontifical para pedir a todos que fuera celebrada la Misa nueva.
- A pesar de esta insistencia del Soberano Pontífice, poniendo de presente su autoridad, la “Tradición” continúa; inclusive una diócesis, en Campos, Brasil, con su Obispo a la cabeza, manifiesta al Papa, con argumentos teológicos, su intención de mantener el rito tradicional y así pudo hacerlo oficialmente, sin que tuviera mayores inconvenientes para hacerlo, y sin replicas a su argumentación para tal resolución.
- Se llega a 1984 con la publicación de la “carta del indulto”  Quattuor Abhinc Annos: Constatando el aumento de la reacción, Roma autorizaba al Ordinario del lugar a conferir un indulto a los sacerdotes y fieles que desearan mantener la Misa Tridentina. Pero ponía como condición no tener ninguna relación con la FSSPX si querían beneficiarse del indulto.
- Es claro que esto era fundado en condiciones tales, que se daba el indulto justamente a los que no querían la Misa. Era una simple concesión, provisoria, esperando la desaparición de la generación antigua que por nostalgia, se decía, aún se apegaba a formas litúrgicas superadas.
Pero la opción por el Rito Tradicional continúa creciendo en el mundo católico, en la medida que se hace evidente el deterioro de la Fe y la llamada “apostasía silenciosa” en grandes parcelas de la Iglesia, lo  que no deja de inquietar a la Suprema Autoridad.


- Y en 1986, constatando el aumento del deseo de la Misa Tradicional, el Papa nombra una Comisión de Cardenales (esto sólo fue público en 1995 cuando el Card. Stickler dio una conferencia en EUA) haciéndoles dos preguntas: 
  1.  ¿Está abolida la Misa Tridentina?
  2. ¿Puede un Obispo prohibirle a un sacerdote, canónicamente en orden, decir la Misa Tridentina?
Y dice el Cardenal que 8 de los 9 cardenales habían reconocido que la Misa Tridentina no había sido abolida y que ningún obispo tenía la posibilidad jurídica y canónica de prohibirle a un sacerdote celebrar la Misa Tridentina y los sacerdotes no pueden ser obligados a celebrar el Nuevo Rito de la Misa.
Y más aún, en 1986 esta Comisión de Cardenales daba una solución de paz litúrgica proponiéndole al Papa reconocer la libertad, para todo sacerdote, de escoger entre la Misa Nueva y la Misa Tridentina.
El Sr. Eric de Saventhem, Presidente de Una Voce internacional, daba textualmente esta proposición:
“para cada Misa celebrada en lengua latina –con o sin fieles presentes- el celebrante tiene el derecho de escoger libremente entre el Misal de Pablo VI (1970) y el de Juan XXIII (1962)”.
-Era un gran avance si se compara esta propuesta de 1986 con las palabras del Pablo VI en 1976.
- Es el mismo Card. Stickler quien nos revela que esta propuesta suscitó una gestión -Lobby- de cardenales y personalidades del episcopado, francés en particular y de países de la cuenca del Rhin, que vinieron a ver al Papa diciéndole “sobretodo no permita esta libertad litúrgica, esa libre escogencia del ritual”.
- El Papa que había aceptado en principio la propuesta de la comisión debió retroceder... todo quedó igual.
- Luego en 1988, con ocasión de las consagraciones episcopales en Econe, aparece un nuevo texto:  el Motu Proprio “Ecclesia Dei Aflicta”, quiérase o no, es un nuevo paso a favor de la Misa tradicional.  El Papa pide que verdaderamente las autoridades locales, sean “amplios y generosos” en dar facilidades para la celebración de la Misa tradicional.  Nacen varias comunidades llamadas de “Ecclesia Dei”.
- Pasan 10 años más y en la peregrinación a Roma de dichas comunidades en 1998, asisten a una conferencia del Cardenal Ratzinger en la que él pide que sea reconocida la Misa de San Pío V.
Poco a poco sus pronunciamientos y argumentos de este Cardenal a favor de la Misa Tradicional junto con los otros Prelados se hacen más claros, y frecuentes.  Poco a poco regresa sobre el terreno la Misa Tradicional.  Citemos sólo uno, entre varios, en el libro “Le sel de la Terre, p. 172-173” dice lo siguiente:  “Ciertamente soy del punto de vista que se debería acordar mucho más generosamente a los que desean el derecho de conservar el antiguo Rito, por lo demás no se ve qué tendría esto de peligroso o inaceptable.  Una comunidad que declara de un momento a otro estrictamente prohibido lo que para ella era hasta entonces lo más sagrado y lo más alto, o que se le presenta como siendo inconveniente la extrañeza que tiene de ello, se pone ella misma en cuestión ¿Cómo aún se le creerá?  ¿No irá a prohibir mañana lo que hoy prescribe?.....  Desgraciadamente la tolerancia con las fantasías es entre nosotros casi ilimitada, pero es prácticamente inexistente en relación a la antigua liturgia.  Así, ciertamente se está en el mal camino.”
En enero del 2002, con la creación de la Administración Apostólica “San Juan Ma. Vianney” el Papa da un paso sin precedentes  desde 1969 para el retorno de la Misa y no es ya como “una concesión pasajera y provisoria” sino claramente como un derecho que se les reconoce como “facultas” que el Santo Padre les da para celebrar el Rito Tradicional (será necesario que este reconocimiento se extienda a todos los que quieran conservar el Rito Tradicional.  Los Padres de Campos, con el reconocimiento de su “facultas” para el Rito Tradicional, dependen pues de la Congregación para el Clero y no de la Comisión “Eclesia Dei”.
Que se reconozca el derecho de la Misa Tradicional y restaurarán la Iglesia, la familia, habrá fuerza para luchar contra la imposición del paganismo, del homosexualismo, del terrorismo... veremos la Proclamación del Reino de Cristo por la Misa Tradicional. 
Renacerá el espíritu misionero, florecerán las vocaciones con el fortalecimiento de la familia Cristiana, habrá más que una esperanza de revertir la masacre legal de los niños no nacidos y de las personas que llegan a la tercera edad, habrá una esperanza próxima de la conversión de los enemigos de la Iglesia.  Que se vuelva a la Misa Tradicional y el Sacerdocio Católico se verá restaurado en su plenitud.  Que se dé de nuevo la belleza al culto debido a Dios y se verá en medio de la jerarquía, en medio del sacerdocio y entre los fieles, la santidad, la valentía de decir no al pecado o de reencontrar (en medio de las tentaciones y de la agresividad del satanismo) la fuerza de la perseverancia y de la penitencia comunicada por la gracia que fluirá con abundancia.
- El balance actual del retorno de San Pío V es positivo y  permite ampliar la esperanza.
En ese análisis del Card. Stickler que escribe: “El Papa ha sido en un sentido... de más en más favorable a la Misa Tridentina y él no retrocederá, al contrario, irá adelante”.
De hecho se avanza luego en la Misa Tradicional celebrada el 24 de mayo de 2003 (otro el 24 de mayo muy distinto del de 1976) en la Basílica Santa Ma. Mayor se da un nuevo paso:  Una declaración, en nombre del Santo Padre , en una Basílica Romana, un cardenal que ocupa un altísimo cargo (Prefecto de la Congregación del Clero y Presidente de la Comisión Ecclesia Dei”) afirmando que el antiguo Rito Romano conserva el derecho de ciudadanía dentro de la Iglesia y no se puede considerar extinguido
- Otras declaraciones (Ratzinger)
- Aniversario de la Congregación para el culto divino y los sacramentos en el que la alocución que hizo el Papa alabó el Misal de San Pío V por lo que el Osservattore Romano no publicó
- Encíclica del Papa “Ecclesia de Eucharistia”
- Documento Vaticano sobre la Represión de los abusos en la Liturgia
Parece  evidente que en Roma se quiere y se camina para un retorno en la Iglesia de la Misa de San Pío V y se quiere una solución para la Misa y para los Sacerdotes y comunidades que están legítimamente apegadas a  él; por la paz litúrgica y el bien de todos.  Se avecina (y Dios quiera que sea la gran gracia que se obtenga antes de terminar este año Eucarístico que empieza en Guadalajara con el 48 Congreso Eucarístico) una solución global, general, como lo anunció el Card. Castrillón en reciente entrevista dada a “Latin Mass” que titula: “El Card. Castrillón Hoyos afirma que el Vaticano está preparando la publicación de una “garantía jurídica” para la Misa Tridentina.
Pero Roma está interesada en la creación de múltiples soluciones concretas, prácticas, para los casos y así mostrar (a quienes se oponen) que esto puede funcionar; esto ya existe algunos lugares sin que se haya afectado negativamente, muy al contrario, la Pastoral ni la unidad: Hay que multiplicar estas soluciones concretas.
Lamentablemente no se ve, en el conjunto del episcopado mundial, una correspondencia al deseo y a los pronunciamientos de Roma como sería deseable esperar.  En muchos lugares aún subsiste el espíritu de los años 70s.  Son frecuentes los casos en que los sacerdotes, aún con apoyo y recomendaciones desde Roma, ven obstaculizada su regularización, con las Iglesias locales, por querer conservar la Misa Tradicional.  Personalmente conozco varios casos y en este momento reposa en manos los documentos correspondientes de un caso que ratifican lo dicho.
Un sacerdote que celebra la Misa Tradicional pide a Roma la autorización y manifiesta su deseo de estar en armonía con la autoridad de la Iglesia local. Tal y como Roma lo ha manifestado públicamente en reiteradas ocasiones. El Obispo, ordinario del lugar donde vive, le pide que resuma por escrito, su situación personal y sus deseos.  Así se hace y recibe como respuesta el siguiente argumento que me permito extractar del documento omitiendo los nombres:
“Apreciado Padre:
“Por la importancia que tiene para la Iglesia Universal, la persona del Sacerdote, y sus actividades ministeriales, y según le comuniqué en días pasados, di a conocer al Colegio de Consultores (11/05/04), su firme decisión de permanecer fiel al Rito Tridentino, sus actividades y su propuesta (01/04/04), y el Colegio concluyó lo siguiente:
  1. Se consideró la carta fechada en Roma el 8 de marzo de 2001, en la cual el Eminentísimo Señor Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Prefecto de la Sagrada Congregación del clero y Presidente de la comisión ECCLESIA DEI, donde pide al Señor Cardenal de nuestra Arquidiócesis de XX, NN, como “Obispo benévolo” estudie la posibilidad de acoger en la Arquidiócesis al Sacerdote NNN.  A lo que el Señor Cardenal NN, manifestó de manera verbal que no era necesario ni conveniente establecer el Rito Tridentino en la Arquidiócesis de XX y por ende tampoco era oportuna la creación de una “parroquia personal”.
  2. .....
  3. Al hacer una consideración pastoral sobre la realidad de nuestra Diócesis, se vio que la Pastoral y la Liturgia según el rito de San Pío V (Misa Tridentina), aunque tiene la anuencia de la Iglesia Universal, no ayuda a fomentar y consolidar la unidad y comunión, tan importantes para esta Diócesis....” (el negrito es mío)
De manera pues que la Misa Tridentina “no es conveniente ni oportuna”, “ni ayuda a fomentar y consolidar la unidad y comunión” tan importantes para este cardenal y este obispo que así responden; pero, eso sí, no dejan de fomentar esta unión y comunión con el desfile frecuente de prelados a las sinagogas para celebrar los ritos que fueron la prefigura del Rito Católico.  La Misa a la que asistieron los santos de toda la Iglesia, aunque “tiene la anuencia de la Iglesia Universal”, no es conveniente; pero sí los ritos paganos que con frecuencia se ven en nuestros templos católicos, como recientemente sucedió en la Capillita de las apariciones de la Virgen de Fátima, cosa que siendo tan frecuente en otras partes ha dejado de ser noticia. Pero ¿de qué comunión y de qué unidad están hablando?... ¿A qué criterios obedecen las directivas pastorales de ciertos obispos?... Lo que se constata es que, dichos criterios, no coinciden con la Tradición católica ni con lo manifestado públicamente por la Autoridad de la Iglesia.
Pero la Providencia se continúa manifestando por el reconocimiento del Derecho imprescriptible del Rito milenario:
8 de Septiembre 2006: El Papa Benedicto XVI otorga un grande y hermoso regalo a Nuestra Señora en el día de su cumpleaños. Ha sido erigido canónicamente el Instituto del Buen Pastor (IBP), como Sociedad de vida apostólica de Derecho Pontificio, reuniendo sacerdotes, con la triple Misión de promover una crítica constructiva al Concilio, que permita finalmente al Papa dar una interpretación auténtica a sus documentos, de erigir parroquias personales para celebrar el rito Gregoriano, como rito propio y exclusivo conservando todos los libros litúrgicos vigentes en la Iglesia el año 1962.
Presentamos lo que es realmente la índole del Instituto del Buen Pastor.

El IBP, como Obra de Iglesia, nace providencialmente obedeciendo a una necesidad espiritual de la cristiandad actual. Ya se puede entrever, en su corta existencia canónica, el modo de actuación de la Providencia en el corazón de la Historia de la Iglesia; con una gracia específica (con su carisma propio como hoy se diría) Dios ha suscitado un medio visible, entre otros, de transmisión, continuidad y permanencia de lo inmutable; el  IBP hace hoy de puente entre el pasado y el futuro para que las próximas generaciones, beneficiándose de lo permanente del pasado, puedan acrecentar con su aporte la Gloria de Dios y la salvación de las almas. El Rito Gregoriano (o Tridentino) no es más una tolerancia o una permisión dada por indulto; es un derecho reconocido como “derecho propio y exclusivo”
Todo esto no puede dejar de sugerirme una reflexión sobre algunos sueños de Don Bosco, las apariciones de Fátima y particularmente  la publicación de la visión del tercer secreto dada por los Card. Sodano y Ratzinger.

ESQUEMA:

  • Creación para comunicar la felicidad de la vida intima de las relaciones Trinitarias.  P. Original – A.T.- N.S.J.C.- última Cena- 3ra. Misa
  • Fin Último que se realiza en la comunión (unión de la criatura con el Creador- para ser feliz como Dios es feliz.  Transformar en Dios, trinificar ----- de esa verdadera transformación de las especies
  • Fátima y la Eucaristía:  Misterium Fidei ------.  Tercer Secreto visión:  Triple caída y
    ------ en zigzag lento del Suel
    ----- Sueños de Don Bosco:  Barca, Salida y regreso a Roma 180 salidas de sol
  • Noción de Sacrificio:  Sacrum facere                      Latréutico
    4 fines           Eucarístico
                         Impetratorio  
                         Propiciatorio.  Oblación y P. Original y propiciación
                         Sacerdocio deputado su orden al sacrificio
     
  • Rito:  que ---- explícita la razón del Sacrificio Def. expresada la Fe:  Noción de Revelación ---- Fe:  -----
                                     Noción de Revelación Moderna --- Fe:  -----
    Rito Revelado en figura A.T. Sacrificios Propiciatorios
    Miqueas. Moisés Ataba una Nueva y Eterna Alianza ---------------------


    • Realización de las Figuras.   El Sacrifico:  Nuevo y Eterna Alianza en la Sangre de NSJC  Misterios de Nuestra Fe Transustanciación
    • La ----------- y luego 20 en transformación de las especies Rito Romano que en los 5 últimos siglos se le llama Rito Tridentino o de San Pío V pero que en realidad en su núcleo esencial remonta a los Apóstoles
    • “Es menester vivir como se piensa, so pena de terminar pensando como se vive”
    • Llega a 1969 – Se presenta un Nuevo Rito, Nueva Misa que al decir el Mons. Klaus Gamber en una de sus publicaciones sobre la Reforma Litúrgica ------------ por varios prelados y 3 cardenales, Oddi, Stickler y Ratzinger no fue el producto ni tiene sus raíces en la tradición  --- evolución enriquecedora sino que fue una fabricación por “expertos” que en él proyectaron la Nueva Teología de que estaban involucrados.  El Card. Ratzinger llega a llamarlos “fabricación de un nuevo rito”, hecho sin precedentes en toda la historia de la Iglesia desde ---- hasta nuestros días.
    • Voluntad cada vez más clara de liberación y el retorno del Rito Tradicional. ----------


Spirituality of the Tridentine Mass

 

Mons. Koch: Tutte quelle cose che alcune persone dicono che era il nuovo dopo il Concilio Vaticano II non furono un tema della Costituzione sulla Liturgia [Sacrosanctum Concilium]. Per esempio, la celebrazione dell'Eucaristia davanti ai fedeli non è mai stato oggetto di Tradizione. La Tradizione ha sempre inteso celebrare ad orientem perché questa era la posizione della risurrezione. Nella Basilica di San Pietro, la celebrazione ha avuto luogo di fronte al popolo per lungo tempo perché quella era la direzione verso l'Oriente. La seconda cosa era la lingua volgare. Il Concilio auspica che il latino resti la lingua liturgica"

 

Mons. Koch: Sacrosanctum Concilium
significa Messa ad orientem e in latino

Stralcio di un'intervista concessa dal nuovo Presidente del Pontificio Consiglio per la Promozione dell'unità dei cristiani, Monsignor Kurt Koch, a Gaudium Press.

Questi due punti di vista [della Chiesa come Popolo di Dio e come mistero] influenzano anche la propria posizione sulla liturgia. Come deve essere intesa la liturgia di oggi?

Mons. Koch: Tutte quelle cose che alcune persone dicono che era il nuovo dopo il Concilio Vaticano II non furono un tema della Costituzione sulla Liturgia [Sacrosanctum Concilium]. Per esempio, la celebrazione dell'Eucaristia davanti ai fedeli non è mai stato oggetto di Tradizione. La Tradizione ha sempre inteso celebrare ad orientem perché questa era la posizione della risurrezione. Nella Basilica di San Pietro, la celebrazione ha avuto luogo di fronte al popolo per lungo tempo perché quella era la direzione verso l'Oriente. La seconda cosa era la lingua volgare. Il Concilio auspica che il latino resti la lingua liturgica"

 http://rorate-caeli.blogspot.com/2010/07/archbishop-koch-sacrosanctum-concilium.html

e in un'altra intervista sempre Mons. Koch fu ancor più espilicito:
"Il Concilio non ha abolito il latino nella liturgia. Al contrario, enfatizza che nel rito romano, salvi casi eccezionali, l’uso della lingua latina deve essere mantenuto. Chi tra i vocianti difensori del concilio desidera "accettare senza restrizioni" ciò?..Il Concilio ha dichiarato che la Chiesa considera il canto gregoriano come la "musica propria del rito romano" e che perciò deve avere "posto principale". In quante parrocchie questo è applicato "senza restrizioni ".." 

http://blog.messainlatino.it/2009/06/il-vescovo-di-basilea-ai-difensori-del.html
 
visto em:una Fides

This is the Key to Restoring Christian Civilization! Pope Saint Pius X. This year marks the 100th anniversary of his publishing Notre Charge Apostolique. Exactly a century ago on August 25, Pope Saint Pius X published the Apostolic Letter, Notre Charge Apostolique (“Our Apostolic Mandate”). That document complemented, in the sociopolitical field, the Pontiff’s struggle against the philosophical and theological errors of Modernism, which he condemned in his Encyclical, Pascendi Dominici Gregis (September 8, 1907).

 

 Although the new document was aimed directly at the errors of the leftist French Catholic movement Le Sillon (“The Furrow”), its teachings are perfectly relevant today, as the progressivist movement, like the Sillonists of old, keeps “its eyes fixed on a chimera, bring[ing] Socialism in its train.”1
As in the times of Le Sillon, based on confusing calls for “change” and on false notions of human dignity, today they seek to build an entirely new civilization opposed to Christian civilization.

The Gradual Side-Tracking of a Catholic Movement
Le Sillon was founded in 1894 by a group of Catholic students on the initiative of Marc Sagnier (1873-1950), who became their leader and top ideologue.
The movement quickly spread throughout France and particularly among the youth, enjoying the support of countless bishops. Large numbers of seminarians and young priests joined its ranks.
However, it did not take long before strange aspects and dangerous doctrines began to surface in the movement, such as an egalitarian tendency to place priests and laity on the same footing during study workshops.
Likewise, a kind of democratic mysticism became increasingly prominent in it, presenting democracy as the only legitimate form of government compatible with Catholic doctrine. Now, this was in blatant contradiction with the teaching laid down by the previous pope, Leo XIII in many of his encyclicals.2
Anarchic Aspect
As a result, the bishops began to withdraw the support they had initially given Le Sillon. By 1910, ten French archbishops and twenty bishops had forbidden their clergy and seminarians from participating in the movement.
When the Bishop of Quimper issued that prohibition, Marc Sagnier retorted that the diocese’s priests should disobey their prelate and added: “I may be accused of being an anarchist, but I don’t care a hoot about that.”3
For its part, Le Sillon increasingly abandoned its Catholic tone and assumed a sort of mystical and populist democratism pursuant to the principles of the French Revolution. Its publication went from being a “Catholic review of social action,” to a “Review of democratic action.”
Legitimate Concept of Democracy
Criticism of the purely ideological and egalitarian concept of democracy has nothing to do with democracy as a form of government. Catholic social doctrine – and wholesome philosophy as well – teaches that there are three classical forms of government, all of which are legitimate and in accordance with the natural order: monarchy, aristocracy, and democracy.
Also, the noun democracy is frequently used as a synonym of liberty and an antonym of totalitarianism. According to Pius XII, the word democracy, used in this broad sense, “admits the various forms [of government] and can be realized in monarchies as well as republics.”
The Pontiff also says: “With its pleiad of flourishing democratic communities, the Christian Middle Ages, particularly imbued with the spirit of the Church, showed that the Christian Faith knows how to create a true and proper democracy.”1
1 Vincent A. Yzermans, ed., The Major Addresses of Pope Pius XII (St. Paul: North Central Publishing Co, 1961), Vol. 2, pp. 80-82)
Rome’s Condemnation
Echoing the concerns of the French bishops, after much hesitation and having tried to bring Le Sillon back to the right path, on August 25, 1910, feast of Saint Louis the King of France, Pope Saint Pius X sent an official letter to the French episcopate.
As customary in papal documents, it became known by its opening words (the Apostolic Letter was written in French): Notre Charge Apostolique (Our Apostolic Mandate).
As in his encyclical against the philosophical and theological errors of Modernism, the Saint analyzes with great perspicacity the tendencies and errors of Le Sillon and the psychological and moral, as well as philosophical and theological causes of its deviations.
The document shines in logic and clarity, apostolic zeal for souls and unparalleled care for the integrity of the Faith and of Catholic social doctrine. Since it is impossible to summarize such a substantial document here, we will merely point out some of its aspects, recommending that it be read in its entirety.4

False Concept of Human Dignity
According to Saint Pius X, the fundamental doctrinal error of Le Sillon, from which all others emanate, is a false concept of human dignity that implies a complete liberation of man from all bonds of submission to another, whether these be social, intellectual, political or economic:
The first condition of that dignity is liberty, but viewed in the sense that, except in religious matters, each man is autonomous. This is the basic principle from which Le Sillon draws further conclusions: today the people are in tutelage under an authority distinct from themselves; they must liberate themselves: political emancipation. They are also dependent upon employers who own the means of production, exploit, oppress and degrade the workers; they must shake off the yoke: economic emancipation.
Finally, they are ruled by a caste preponderance in the direction of affairs. The people must break away from this dominion: intellectual emancipation. The leveling-down of differences from this three-fold point of view will bring about equality among men, and such equality is viewed as true human justice. A socio-political set-up resting on these two pillars of Liberty and Equality (to which Fraternity will presently be added), is what they call Democracy.5
Divinize Neither the State, nor the People
Le Sillon upheld the thesis propounded by the Enlightenment6 that the origin of all authority lies in the people, who merely delegate it temporarily to someone and can depose him at any time:
Le Sillon places public authority primarily in the people, from whom it then flows into the government in such a manner, however, that it continues to reside in the people.7
In order to better understand that doctrinal error, consider the following:
Human authority is a power of a moral nature that obliges one man to obey another. But what does “obey” mean, other than the submission of one’s will to that of someone else? And how can any man impose his will on another if, everyone being equal by nature, their wills are of the same weight and value? Hence, from the strict perspective of human nature alone, there are no grounds that justify the imposition of one man’s will on another; no man has a right to exercise authority over another.
This gives rise to a problem, because if on the one hand the reasoning above is true, on the other, man being sociable by nature, he feels drawn to life in society. But life in society becomes impossible without an authority to unify, guide, and coordinate everyone’s individual efforts toward the common good, which is the purpose of life in society.
A solution to this problem is only possible if we consider that human authority is not an independent authority that originates from within human nature itself, but an authority by participation in the authority of a being with a superior nature.
This higher being, Who is God, stands above all created wills and thus can oblige the human will to bend before and acknowledge His authority. Therefore, the origin of all authority is God; and this explains why some men can command others: their authority to do so derives from, and is a participation in the supreme authority of God.
Moreover, this philosophical truth, which we attain through the use of reason, was confirmed by divine Revelation. Suffice it to quote the famous teaching of Saint Paul to the Romans: “there is no power but from God: and those that are, are ordained of God.”8
Thus, those who claim that authority originates from the people or from the State are in fact deifying the people or the State. This entails a certain form of social and political pantheism9 that feeds the mystique of both populism and State-worshipping totalitarianism.
Therefore, since all authority comes from God, both those who command and those who obey must submit to the divine will and work together to achieve the ultimate end of man, which is eternal salvation, and the immediate end of life in society, which is the pursuit of the common good.

Change Mania and Scorn for Tradition
When man abandons reality to chase after chimeras, he begins to dream with nonexistent worlds and magical formulas to get there. In other words, he becomes a social reformer. His slogan and goal now become “change,” which he implements by jettisoning the country’s principles, traditions and customs.
That is what happened with Le Sillon. As Saint Pius X put it, the Sillonists, “by ignoring the laws governing human nature,” lead society “not toward progress, but toward death.” They “dream of changing its natural and traditional foundations; they dream of a Future City built on different principles; and they dare to proclaim these more fruitful and more beneficial than the principles upon which the present Christian City rests.”10

Seductive Words, Nefarious Errors
To seduce the incautious, the Sillonists present their errors and daydreaming “in dynamic language which, concealing vague notions and ambiguous expressions with emotional and high-sounding words, is likely to set ablaze the hearts of men in pursuit of ideals which, whilst attractive, are nonetheless nefarious.”11
And the Holy Pope has a special warning for priests:
Pope_Pius_X.png
Human authority is a power of a moral nature that obliges one man to obey another. Thus it participates in the authority of a higher being, Who is God, Creator of all. Therefore the origin of all authority is God.
“There is no power but from God: and those that are, are ordained of God.”
St. Paul to the Romans, 13:1.

However, let not these priests be misled, in the maze of current opinions, by the miracles of a false Democracy. Let them not borrow from the Rhetoric of the worst enemies of the Church and of the people, the high-flown phrases, full of promises; which are as high-sounding as unattainable.…Indeed, the true friends of the people are neither revolutionaries, nor innovators: they are traditionalists.12
Christian Civilization Must be Restored, not Destroyed
And the saint goes on to present with incisive words the great lesson of this magnificent document whose centennial we now celebrate, a lesson more valid and necessary than ever:
No, Venerable Brethren, We must repeat with the utmost energy in these times of social and intellectual anarchy when everyone takes it upon himself to teach as a teacher and lawmaker – the City cannot be built otherwise than as God has built it; society cannot be set up unless the Church lays the foundations and supervises the work; no, civilization is not something yet to be found, nor is the New City to be built on hazy notions; it has been in existence and still is: it is Christian civilization, it is the Catholic City. It has only to be set up and restored continually against the unremitting attacks of insane dreamers, rebels and miscreants. OMNIA INSTAURARE IN CHRISTO.13
Let Us Not Repeat the Errors of the Past
History repeats itself, as the common saying has it. And although history flows like a river, its ever changing events never turning back, new events closely resemble the old ones by the simple fact that human nature always remains the same. Hence the famous phrase in the Ecclesiastes, “Nothing under the sun is new.”14
This is why history is called the teacher of life; for while man learns from his own experience, he learns a whole lot more from the pool of experience accumulated through the ages: in other words, by knowing history.
Indeed, knowledge of past developments, above all those similar to events now unfolding, enables us to better understand the present by analyzing the right moves and mistakes of our forerunners.
The errors of Le Sillon, its populism, and craze for novelties and scorn for tradition warn us against the dangers that such tenets pose today to society and Holy Mother Church.
And the clear and incisive warnings of the great Saint Pius X – one of the greatest popes in history – should guide us on how to analyze the present situation and take a stand consistent with Church doctrine.

“To Restore all Things in Christ”
Let us close by thanking Divine Providence, on this centennial year of Notre Charge Apostolique, for that enlightening document so full of his loving zeal. The motto of Saint Pius X, Omnia Instaurare in Christo [“To restore all things in Christ”], should be our own.

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Footnotes
1. Notre Charge Apostolique (“Our Apostolic Mandate”), no. 38, (paragraph numbers are ours) at http://www.catholicculture.org/culture/library/view.cfm?id=5456&CFID=3649535&CFTOKEN=23143625. [back]
2. For example, Leo XIII, Encyclical Au Milieu Des Sollicitudes, On the Church and State in France, 1892, http://www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_16021892_au-milieu-des-sollicitudes_en.html. [back]
3. Adrien Dansette, Religious History of Modern France, v. II, Herder, Freiburg-Nelson, Edinburgh-London, 1961, p. 284. [back]
4. For instance at http://www.catholicculture.org/culture/library/view.cfm?id=5456&CFID=3649535&CFTOKEN=23143625. [back]
5. No. 13. [back]
6. The Enlightenment was an ideological movement propelled by the so-called ‘Philosophers’ of the eighteenth century who intended to completely secularize the world in every sphere: culture, politics, morals and so on. They denied the existence of Divine Providence and maintained that, just as a watchmaker puts together a clock and winds it up so it will work and then stops thinking about it, so also God, once having created the world and the laws that govern it, ceased to have any relationship with it. The ‘watchmaker-God’ metaphor is by Voltaire (1694-1778), the most famous representative of that group. [back]
7. No. 21. [back]
8. Romans, 13:1. Cf. Encyclical Diuturnum, by Pope Leo XIII on the origin of civil power, no. 11, at http://www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_29061881_diuturnum_en.html. [back]
9. Pantheism: a philosophical-religious system that identifies God with creation: everything is ‘god.’ [back]
10. No. 10. [back]
11. No. 1. [back]
12. No. 44. [back]
13. No. 11. [back]
14. Ecclesiastes, 1:10. [back]
 
fonte:http://americaneedsfatima.blogspot.com/

the obligation of priests to dress as priests in public : In a secularized and tendentiously materialistic society, where even the external signs of sacred and supernatural realities tend to be disappearing, the necessity is particularly felt that the priest – man of God, dispenser of His mysteries – should be recognizable in the sight of the community, even through the clothing he wears, as an unmistakable sign of his dedication and of his identity as a recipient of a public ministry. The priest should be recognizable above all through his behavior, but also through his dressing in a way that renders immediately perceptible to all the faithful, even to all men, his identity and his belonging to God and to the Church. For this reason, the cleric should wear "suitable clerical clothing


Propaganda Fide Black double breasted cassock, red pipings and buttons, scarlet sash and strings (photo at left)

Germanic College Scarlet Cassock, black sash, scarlet soprana with pendant strings (Masson notes that they had the nickname 'gamberi cotti' or 'boiled lobsters' and that their distinctive dress was imposed due to their reputation for uproarious behaviour)
Greek College Blue cassock, red sash and pipings, blue soprana with strings - out of doors: a black soprana with wide sleeves
English College Black cassock and soprana, black strings and no sash

Scots College Purple cassock with crimson sash, buttons and pipings. Black soprana with pendant strings (photo at left)

Irish College Black cassock with red piping, no sash, black soprana and strings
French College The first college to abandon collegiate dress for the priest's cassock, no sash
Lombard College Black cassock, violet sash, soprana and strings
Seminary of SS. Peter and Paul Priest's dress with a black sash

QUAERITUR: the obligation of priests to dress as priests in public

From a reader:
In my former parish, the pastor wears his collar only during "business hours" (he gave a class in his jeans) and very rarely off parish grounds. I suggested that wearing his clerics around the town (we live in a Protestant area of Virginia) would be good for us and the church—we do have converts and his priestly presence may bring in more. He said no, he didn’t want to upset the locals. He recently blessed a house in his blue jeans, on his way to town to eat pizza…the folks were a bit taken aback by this but thankful nevertheless since it had taken them a year to get him out there.

Is there any Church guidance or practice on the wearing of the collar? Is this covered in seminary, especially the issue of being a priest in Protestant  "country"?  Is this an individual "taste" or a individual diocesan policy issue?
I notice you are talking about a priest from your former parish.  Perhaps you would do well to pay closer attention of your present parish.
Also, it might have taken a year to "get him out" to someone elses house. I suspect that the priest has a lot to do.  I am glad that he was able to do the house blessing, however.  
That said, it seems to me that while priests perhaps don’t have to wear their clerical clothing when they are washing the car or gardening, it would have been far better to have showed up to do something priestly in priestly garb.
In the days of violent anti-Catholicism in the United States, the bishops meeting in the Council of Baltimore determined that clerics were not to wear the cassock on the streets of the country, but – in a way similar to the practice in England – wear instead black secular dress, the frock coat.  They would use the cassock in church or when fulfilling other duties, but not for general wear around and about.  This established a long-standing practice for secular priests in the United States.
Times have changed, of course.  Many secular priests today are choosing to use the cassock also in public.
cassockThe Directory for the Ministry and Life of Priests, issued in 1994 by the Congregation for the Clergy and approved by Pope John Paul II states:
In a secularized and tendentiously materialistic society, where even the external signs of sacred and supernatural realities tend to be disappearing, the necessity is particularly felt that the priest – man of God, dispenser of His mysteries – should be recognizable in the sight of the community, even through the clothing he wears, as an unmistakable sign of his dedication and of his identity as a recipient of a public ministry. The priest should be recognizable above all through his behavior, but also through his dressing in a way that renders immediately perceptible to all the faithful, even to all men, his identity and his belonging to God and to the Church.
For this reason, the cleric should wear "suitable clerical clothing, according to the norms issued by the Episcopal Conference and according to legitimate local customs." (Canon 284) This means that such clothing, when it is not the cassock, [NB: the cassock is the norm, the default, for the whole Latin Church.] should be distinct from the manner in which laymen dress, and in conformity with the dignity and sacredness of the ministry.
Apart from entirely exceptional circumstances, the non-use of clerical clothing on the part of the cleric can manifest a weak sense of his own identity as a pastor completely dedicated to the service of the Church (# 66).
Again, the custom of the US is not for the secular priest to use the cassock in the street, as it were, but it clearly is that he should use black clothing with the Roman, "military", collar (the Roman collar developed from military uniforms).
It is important for priests to ear clerical clothing in most circumstances.  The black suit or cassock isn’t just a uniform to put on in the course of "doing your job", much as a member of the military might do, or the burger flipper at McDonald’s, or the meter reader.  Clerical clothing points to the ontological, sacramental character of the ordained, or those who aspire to be.
Again, if a priest is on a ladder fixing a window, changing the oil in his car, skating, at his family home, or even perhaps – quod Deus avertat – in hiding from an oppressive regime persecuting the Church – clerical clothing is another matter.  We have to be reasonable.
But going to a home to bless a house…?  No-brainer.
There are good priests who are lax in wearing their clerical clothing in public and bad priests who wear little else.  We should not rush to judgment about priests in this regard.
But it remains that in normal circumstances priests are obliged to wear clerical clothing, certainly in the fulfillment of their priestly duties as well as for everyday dress.  The Roman collar is a witness to the man’s identity, whom he serves, and serves as a sign of contradiction in society.  He can be identified and therefore approached as a priest by Catholics and non-Catholics alike. He reminds himself of who he is when he dons it. 
In sum, while there are reasonable exceptions to the rule, priests are obliged to wear clerical clothing in the manner determined by the bishops conference.
In the United States you can refer to a letter on this matter written in 1999, found on the site of the USCCB:
On November 18, 1998, the Latin Rite de iure members of the National Conference of Catholic Bishops approved complementary legislation for canon 284 of the Code of Canon Law for the Latin Rite dioceses of the United States.
The action was granted recognitio by the Congregation for Bishops in accord with article 82 of the Apostolic Constitution Pastor Bonus and issued by decree of the Congregation for Bishops signed by His Eminence Lucas Cardinal Moreira Neves, Prefect, and His Excellency Most Reverend Franciscus Monterisi, Secretary, and dated September 29, 1999.  [So, this is not merely a recommendation.]
Complementary Norm: The National Conference of Catholic Bishops, in accord with the prescriptions of canon 284, hereby decrees [So, this is not merely a recommendation.] that without prejudice to the provisions of canon 288 [“Permanent deacons are not bound by the provisions of canon 284”], clerics are to dress in conformity with their sacred calling.
In liturgical rites, clerics shall wear the vesture prescribed in the proper liturgical books.[NB:] Outside liturgical functions, a black suit and Roman collar are the usual attire for priests. The use of the cassock is at the discretion of the cleric["Usual" attire.  There are reasonable exceptions.  Also, this sentence confirms that the priest may use the cassock at all times, though at least the black suit/clothing is minimally required.  The cassock is the proper dress of a Catholic priest in call circumstances everywhere.]
In the case of religious clerics, the determinations of their proper institutes or societies are to be observed with regard to wearing the religious habit.
As President of the National Conference of Catholic Bishops, I hereby decree that the effective date of this decree for all the Latin Rite dioceses in the United States will be December 1, 1999.
Given at the offices of the National Conference of Catholic Bishops in Washington, DC, on November 1, 1999.
Most Reverend Joseph A. Fiorenza
Bishop of Galveston-Houston
President, NCCB
Reverend Monsignor Dennis M. Schnurr
General Secretary
fonte:http://catinfor.com/en/2010/05/02/quaeritur-the-obligation-of-priests-to-dress-as-priests-in-public/